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El iceberg de la comunicación

La comunicación es un intangible y, como tantos otros, depende de gestiones que muchas veces no se pueden cuantificar, de variables imposibles de medir y de factores que no se controlan. Sí, ahora mismo estoy vendiendo humo.

Pero hay mucho trabajo detrás de cada acción. La gran mayoría de las veces, lo que se ve es sólo la punta del iceberg.

Por poner un ejemplo: digamos que trabajamos en un gabinete de prensa desde el que tenemos que hacer la convocatoria de medios para un evento.

Finalmente, conseguimos que acudan 10 periodistas. ‘¡Éxito rotundo!’, pensará la empresa de espirales para cuadernos El enrollao. ‘¡Fracaso estrepitoso!’, dirá el macrogigante de las telecomunicaciones.

Dejando aparte la ponderación del éxito analizando las expectativas y necesidades de cada uno- dejo aquí el testigo para otro post- el número parece objetivo. Un número no miente. Un número es un número, aquí y en la China Popular, que diría aquel. Diez es diez, no hay otra forma de verlo.

El problema viene cuando intentamos traducir ese número a esfuerzo/tiempo=€€€€

Quizá a la mente del interlocutor acuda este razonamiento completamente comprensible: ‘bien, ha hecho diez llamadas’. O éste todavía más divertido: ‘ha mandado una nota de prensa y le han llamado porque estaban deseosos de ir a mi evento’. Si eres Google, Telefónica o el pequeño Nicolás, ni lo dudes. Pero si no lo eres, la cosa se complica.

Es cierto, es muy difícil cuantificar el trabajo porque puede que se hayan alineado los astros y, después de hacer un conjuro encerrando a todos los periodistas de todas las redacciones de España, hayamos hecho diez llamadas y los diez hayan cogido a la primera y, además, los diez quieran ir. El evento, concretamente, es en la casa de la Gominola número 5.

Nunca podremos saber a ciencia cierta si el ejecutivo o consultor en ciernes ha hecho 10, 20 o 40 llamadas y sería una locura sin sentido reportar al cliente cada llamada no atendida, cada ‘inténtalo en cinco minutos’, o cada ‘recibimos miles de correos, estará’. Por no hablar de cada derivación de una persona que no lleva ese tema, a otra que sí lleva el tema, y de nuevo a la misma persona de antes que era la que realmente se encargaba del tema en cuestión.

Con esto no quiero decir que todas las acciones comunicativas exitosas lleven detrás un gran esfuerzo, o que lo que lleva más trabajo es lo que triunfará. Basta que no llames a un medio para que decida por su cuenta ir y haga una noticia para enmarcar. O que lances un tuit que no habías pensado previamente o una foto que pensabas que no iba a tener repercusión, y sea retuiteado y compartido por miles de personas.

Sólo quiero llamar a la reflexión, para que tengamos en cuenta el trabajo que conlleva cada acción, por sencilla que parezca, así como el esfuerzo que todo buen profesional pone en su labor diaria. Desde un tuit de 140 caracteres que ha pasado por 10 mentes y se ha escrito y reformulado 15 veces, a la idea de un spot de 23 segundos que revoluciona la red y que, aunque parece sencilla, lleva por detrás el trabajo de horas y horas de todo un equipo de profesionales.

Créditos de la imagen: Iceberg

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