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El mar del ruido

Si algo hay hoy en la comunicación es RUIDO. Así, en mayúsculas. Porque las redes sociales nos dan la opción de que nuestro mensaje llegue al último confín del planeta, pero de ahí nos llegan también todo tipo de mensajes que, quieras o no, te tragas en tu timeline de Twitter o en el muro de Facebook, por ejemplo. Vivimos en una maraña tal que ni siquiera vemos ya lo que nos interesa, y en ese mar de ruidos perdemos todos.

La fórmula mágica no la conozco, claro, pero sí sé que al ruido se le gana con música. El estruendo no es tal si lo tomamos por bruma, y entre todos los miles de mensajes de cada día, al final todos seleccionamos los que leemos casi más por azar que por un criterio racional. Sigues a tanta gente en redes sociales y ves tantos mensajes en la tele, en el Metro o en los carteles de autopista, que tu cabeza se queda casi con lo primero que elige sin siquiera pensarlo.

Todos pedimos la atención de todos, y en ese maremágnum va muriendo la comunicación artesanal. Lo único que puede hacer que tu mensaje se lea es el corazón. Que tenga alma, que sea un mensaje con la fuerza de arrastrar a la gente a empaparse de él. No sé cómo se hace pero el efecto de tanto ruido es que sólo lo distinto te taladra. Es el no va más de la exigencia, la elevación del umbral para sobresalir. Tienes que hacer llorar o reír, conmover o indignar, empapar o ensuciar… pero tienes que hacer algo que cale. No valen medias tintas, sólo puntúa el garlochí [corazón], que dicen los gitanos.

Cuanto más conmuevas o enganches con tu mensaje, eso sí, más fácil será que traspases el umbral de la nadería y te cueles en el olimpo de lo más visto. En la comunicación de hoy no hay términos medios. Es como lo de los buenos toreros: «Triunfo o enfermería». Si estás dispuesto a jugar la partida, hazlo poniendo lo mejor de ti para que tu mensaje o el de tu empresa ganen a otros; para que se suba en el barco del trending topic del día y navegue por unas horas, consciente de que mañana habrá muerto arrastrado por otra marea de mensajes más jóvenes que aquel viejo que lanzaste ayer.

Lo que no se consume hoy, mañana no se verá. Producimos tantos contenidos que los de ayer ya han muerto asfixiados por los de esta mañana, que los pisan sin dejar que se vea ya ni su sombra. Y aun así, lo que hoy manda es, como ayer, lo de siempre: la risa, el llanto, la injusticia, el amor… ¡Que tengas suerte en el mar del ruido!

Foto prestada por Bring_it

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